Bardenas reales: el oasis del castillo de Peñaflor y el Vedado de Eguaras
El sol comienza a acariciar los perfiles de arcilla en las Bardenas Reales, y en ese instante, el mundo parece detenerse. No hay ruidos, solo la inmensidad de un paisaje que lleva millones de años transformándose bajo el dictado del viento y el agua. Pero en este mar de tierra, existe un rincón especial. Donde el tiempo no solo se ha detenido, sino que ha dejado una huella de piedra y misterio. Es el castillo de Peñaflor Bardenas Reales, popularmente conocido como el castillo de Eguaras.
Explorar las Bardenas Reales con Nataven es sumergirse en una reserva de la biosfera que respira autenticidad. Si bien nuestras rutas en segway te permiten sentir la libertad del desierto recorriendo sus pistas principales. El acceso al Vedado de Eguaras nos invita a una conexión más íntima a través del senderismo. Es un viaje sensorial donde el aire cálido levanta una brisa dorada mientras avanzamos. Mientras el silencio hacia un oasis forestal que rompe con la aridez característica del entorno.
3.500 años de historia: del bronce antiguo a la edad media
Explorar el Castillo de Eguarás Bardenas Reales es pisar estratos de tiempo que se superponen. Los hallazgos arqueológicos demuestran que este enclave estratégico fue valorado por su posición defensiva mucho antes de la era medieval.
Aunque la estampa del castillo evoca inmediatamente el medievo, las excavaciones arqueológicas han revelado más cosas. Este cabezo fue un lugar de refugio mucho antes de que se pusiera la primera piedra de su torre. Caminar por aquí es pisar estratos de tiempo que se superponen con una armonía asombrosa.
- Ocupación prehistórica: Se han hallado niveles de ocupación que datan del bronce antiguo, hace más de 3.500 años. Los hallazgos de cerámica campaniforme con decoraciones de línea cosida demuestran que este enclave estratégico siempre fue valorado por su posición defensiva.
- La función real. Lejos de la leyenda de la prisión de doña Blanca de Navarra, el castillo nació bajo el reinado de Sancho VII el Fuerte, hacia 1220. Su misión principal no era solo la guerra. Era proteger el paso de viandantes y ganados de los salteadores y bandidos que encontraban en la fragosidad del terreno el escondite perfecto.
Qué ver en el vedado de eguaras: arqueología viva
Al adentrarte en el corazón de este paraje dentro de las Bardenas Reales, las formaciones geológicas se presentan ante ti. Son como esculturas monumentales esculpidas por el cierzo. Al adentrarte en el Vedado, el Castillo de Eguarás Bardenas Reales se yergue sobre un cabezo de 55 metros. Constituido por arcillas rojas y coronado por un paquete resistente de yesos que ha permitido su supervivencia frente a la erosión.
La torre mayor: el corazón del castillo de Eguarás Bardenas Reales
La torre, de unos 16 metros de altura, es el elemento más imponente. Se asienta sobre un zócalo de sillería de arenisca gris azulada. Un detalle constructivo único en la fortaleza que buscaba dar estabilidad sobre el frágil terreno de conglomerados. En su interior, el sótano servía como aljibe. Una pieza de ingeniería vital que garantizaba el suministro hídrico en caso de asedio en mitad del desierto.
El sistema de acceso y la escalera fortificada al castillo de Eguarás Bardenas Reales
Subir hasta la cumbre era un reto de ingeniería medieval. Todavía hoy se pueden reconocer los restos de una escalera fortificada con un patín de doble tramo paralelo a la roca. Este diseño impedía el acceso de caballerías al recinto superior. Así obligaba a cualquier visitante a quedar expuesto ante las torres de flanqueo que defendían la puerta mayor.
La red de espejos y hogueras: defensa en las Bardenas Reales
Este baluarte no era un gigante solitario. El Castillo de Eguarás Bardenas Reales formaba parte de una red de fortificaciones que vigilaba la frontera navarro-aragonesa. Incluía enclaves como Puy Águila, Sanchicorrota o La Estaca. Lo que hace especial a Peñaflor es su ubicación recóndita. No establece relación visual directa con sus compañeros. Lo que sugiere que su función era el control interno de este oasis forestal contra incursiones y bandidaje.
En este paisaje, la comunicación se basaba en la velocidad de la luz. Mediante hogueras nocturnas o señales de humo, el alcaide podía alertar de peligros inminentes. Convirtiendo a las Bardenas Reales en un sistema de vigilancia interconectado donde cada torre era un ojo vigilante sobre el horizonte infinito.
Biodiversidad: los guardianes del cielo y la tierra del castillo de Eguarás Bardenas Reales
Caminar por el Vedado de Eguaras es entrar en un refugio de vida que desafía la dureza del entorno. Mientras el segway descansa y nos adentramos a pie hacia el Castillo de Eguarás Bardenas Reales, el paisaje nos regala encuentros con sus verdaderos dueños.
- Rapaces en el horizonte: El alimoche, el águila Real y el buitre leonado utilizan las térmicas de este circo natural para patrullar el cielo.
- El sigilo del gato montés: En la espesura de las coscojas y enebros, este felino encuentra el cobijo perfecto para su vida esquiva.
- Corzos entre pinos. Aunque en el medievo eran los ciervos quienes protagonizaban las cacerías reales, hoy son los corzos los que cruzan furtivamente los senderos del Vedado.
Geología y erosión: el gigante que se desvanece
La belleza del Castillo de Eguarás Bardenas Reales es, lamentablemente, efímera. El castillo se asienta sobre un soporte geológico de resistencia diferencial donde la erosión no descansa. El agua de lluvia crea canalillos que devoran la ladera, un proceso conocido como rigolización que amenaza con socavar la base del cabezo.
Grandes fisuras verticales y el desplome de bloques de yeso nos recuerdan que estamos ante una ruina inminente. Por ello, en Nataven promovemos un turismo activo responsable. Visitamos, aprendemos y emocionamos, pero siempre sin dejar huella, respetando las zonas donde la naturaleza lucha por mantenerse en equilibrio.
Tu aventura con Nataven: segway y senderismo consciente
En Nataven creemos que la naturaleza no se conquista, se comparte con respeto. Nuestras experiencias en las Bardenas Reales están diseñadas para que sientas la energía del desierto de una forma diferente.
- A lomos del segway: Recorremos las pistas autorizadas de la Blanca, sintiendo el viento y el poder del silencio. Mientras el vehículo se desliza con suavidad sobre el suelo seco.
- El último tramo a pie: Al llegar al Vedado, el ritmo cambia. Nos adentramos caminando para proteger el ecosistema y sentir cómo el bosque de pinos de Alepo nos abraza. Nos ofrece un contraste cromático inolvidable con el ocre del desierto.
Explorar este rincón es descubrir que el verdadero viaje no consiste solo en recorrer kilómetros. Se trata de dejar que la naturaleza marque el ritmo de cada paso. Atrévete a vivir la esencia de Navarra de una forma consciente y auténtica.
Quizás el verdadero viaje no sea avanzar sobre el terreno, sino sentir que la naturaleza te acompaña en cada paso. Descubre lo que el silencio puede contarte en el corazón de las Bardenas Reales.
La vida entre muros: el día a día en el castillo de Peñaflor
Imaginar la vida en las Bardenas Reales durante el siglo XIV requiere despojarse de las comodidades modernas y abrazar la austeridad de la frontera. El alcaide y su pequeña guarnición no solo vigilaban el horizonte; convivían con el aislamiento y la dureza de un clima extremo. Gracias al análisis arqueológico de la fauna y los restos materiales, podemos reconstruir esos instantes de cotidianidad que el tiempo estuvo a punto de borrar.
La dieta de quienes habitaban la torre era un reflejo de su entorno. El corzo y el ciervo eran piezas de caza valoradas y abundantes en el entonces frondoso bosque del Vedado. Pero la base de su alimentación era pastoril. Los restos óseos recuperados nos hablan de un consumo constante de ovicápridos, cerdos y ganado vacuno. Especies que probablemente pastaban en las balsas al pie del cabezo antes de que la sequía o el invierno obligaran a resguardarlos.
- El calor del hogar: En la cata B se descubrió un hogar de tendencia triangular con tierra rojiza quemada. Allí, entre muros de argamasa y yeso, los soldados compartían rancho en ollas de cocina sin vidriar, calentándose mientras el cierzo aullaba fuera.
- Objetos con historia. El hallazgo de un dedal y apliques de bronce con decoración heráldica sugiere que la vida en el castillo no era estrictamente militar. Hubo lugar para la costura, el cuidado del mobiliario y la expresión de la fe a través de pequeñas cruces sobredorada.
- El agua, el tesoro más preciado. El sótano-aljibe de la torre mayor, con su impecable acabado en embetunado rojo, era el seguro de vida de la guarnición. Cada gota recogida de la escorrentía o subida a mano era custodiada bajo bóvedas de cañón. Esto permitia que el castillo fuera un bastión autónomo en mitad de la aridez.
El desplome del gigante: geología y la herida de la erosión en el castillo de Eguarás Bardenas Reales
Caminar con Nataven por las Bardenas Reales es también una lección de geología activa. El cabezo donde descansa el castillo es un monumento a la fragilidad. Estamos ante una estructura de resistencia diferencial: una base de arcillas blandas que soportan el peso de una corona de yesos y conglomerados.
Esta combinación es la que genera el espectacular paisaje que vemos, pero también la que condena al castillo. El agua de lluvia no penetra, sino que resbala por las laderas, excavando canalillos que devoran el soporte de la fortaleza. Este proceso de rigolización ha provocado que gran parte de la muralla principal y las torres de flanqueo originales ya se hayan desplomado. Se han convertido en escombros al pie del cerro.
- La lucha de la vegetación. El pinar de Alepo y los coscojares del Vedado no son solo un adorno estético. Sus raíces actúan como una red que frena el avance de la erosión en la ladera septentrional.
- El compromiso del visitante: Al realizar nuestras rutas senderistas, insistimos en no escalar las ruinas. El yeso medieval es extremadamente sensible y cada pisada fuera de los senderos marcados acelera un proceso de degradación que ya es alarmante.
Conexión con el Reino: la red de señales visuales
El castillo de Peñaflor era un eslabón fundamental en la defensa de Navarra. Aunque desde su posición no se divisaban las grandes fortalezas como Sancho Abarca o El Aguilar. Su papel era el de vigía interno de las Bardenas Reales.
Desde el adarve de su torre mayor, que carecía de saeteras para priorizar la visibilidad total desde lo alto. Se emitían señales que conectaban el Vedado con el resto del dispositivo fronterizo. Era un sistema de espejos y hogueras que permitía informar sobre incursiones aragonesas. O movimientos de bandidos como el legendario Sanchicorrota, quien hacía del desierto su guarida particular.
Una huella en el silencio
El viaje al castillo de Peñaflor termina, pero la sensación de haber tocado la historia permanece. En las Bardenas Reales, el silencio tiene la capacidad de contarnos quiénes fuimos y cómo la naturaleza siempre recupera su espacio. Con Nataven, cada ruta es una oportunidad para aprender a leer estas piedras y proteger el oasis que el Vedado de Eguaras nos regala.
Quizás el verdadero viaje no sea avanzar sobre el terreno, sino sentir que la naturaleza te acompaña en cada paso. Atrévete a descubrir lo que el desierto tiene que decirte. Sinte el respeto por el pasado y la emoción por el presente en cada giro de tu ruta.
El eco del pasado: arqueología del detalle en el Vedado y su castillo de Eguarás Bardenas Reales
Cuando caminamos por el entorno del castillo de Peñaflor, no solo observamos muros. Interpretamos los restos de una civilización que supo adaptarse a la dureza de las Bardenas Reales. Los sondeos arqueológicos realizados en 1990 nos han permitido rescatar del olvido piezas que humanizan la frialdad de la piedra. Cada fragmento cerámico hallado en las catas cuenta una parte de la historia del suministro y la vida diaria en este enclave.
- Cerámica y comercio: En la cata A se recuperaron 44 fragmentos de cerámica a mano y 11 a torno. Esto evidencia la mezcla de tradiciones constructivas y de uso a lo largo de los siglos.
- La técnica del encofrado: Al observar el interior de la torre, aún pueden verse las huellas de los tablones utilizados por los alarifes medievales. Estas marcas de encofrado, agrupadas en tramos de unos 110 centímetros, sugieren algo. Probablemente el castillo se levantó con cierta premura, quizás ante la urgencia de asegurar la frontera.
- El aljibe como corazón: La estructura subterránea, cubierta con bóveda de cañón y recubierta de un enfoscado impermeabilizante, tenía capacidad para más de 22.000 litros. Este depósito garantizaba que, incluso en los veranos más crudos de las Bardenas Reales, la vida pudiera continuar tras los muros.
Un compromiso con el mañana: conservar el oasis
El estado actual del castillo de Peñaflor es una llamada de auxilio. La deficiente calidad de los materiales constructivos originales, basados en gran medida en el yeso local. Así como la erosión implacable de la roca soporte, ha conducido a una ruina inminente. Desde NATAVEN, entendemos que nuestra labor no es solo mostrar el paisaje, sino educar en su preservación.
La revisión del estado de conservación demuestra que la torre ha resistido gracias al espesor de sus muros. También a la solidez del zócalo de sillería. Sin embargo, las grietas verticales y el desprendimiento de los forros de argamasa nos advierten. El tiempo se agota para este guardián del desierto.
- Turismo cívico: Evitamos actitudes incívicas y promovemos una visita que respete el silencio y la integridad de las ruinas.
- Documentación y respeto: Cada ruta senderista que realizamos es una oportunidad para documentar visualmente el retroceso de la erosión. También para concienciar sobre la necesidad de medidas de restauración urgentes.
- El Vedado como refugio. Al caminar entre los pinos y coscojas, protegemos activamente el hábitat donde el alimoche, el gato montés y el corzo encuentran su hogar.
Un agradecimiento a la ciencia y la historia. Estudio del castillo de Eguarás Bardenas Reales
Nada de lo que hoy sabemos sobre este «gigante de barro» sería posible sin una labor rigurosa. La de quienes dedican su vida a rescatar el pasado del olvido. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a M.ª Luisa García García y Jesús Sesma Sesma. Los autores del estudio arqueológico que ha servido de base para este artículo. Gracias a su minuciosa investigación, podemos hoy compartir con vosotros detalles fascinantes. Como la existencia del aljibe oculto o la ocupación del cabezo desde la Edad del Bronce. Su trabajo no solo documenta la historia de las Bardenas Reales. También nos dota de las herramientas necesarias para valorar, respetar y proteger este patrimonio único que es el castillo de Peñaflor. Conocer nuestra historia es el primer paso para asegurar su conservación.
Conclusión: la experiencia NATAVEN en las Bardenas Reales
Explorar las Bardenas Reales con nosotros es sentir el pulso de la tierra. Es deslizarse en segway por la inmensidad de la Blanca. Y poco después, sentir el crujir de la arcilla bajo tus botas mientras te acercas a una fortaleza que ha visto pasar milenios.
Quizás el verdadero viaje no sea avanzar sobre el terreno, sino sentir que la naturaleza te acompaña en cada paso. Quizás el viaje no sea avanzar sobre el terreno, sino sentir que la historia te acompaña. Te invitamos a descubrir el Castillo de Eguarás Bardenas Reales, un oasis donde el silencio tiene voz propia. Atrévete a vivir esta travesía sensorial, donde el conocimiento arqueológico se funde con la emoción del descubrimiento. Ven a descubrir lo que el silencio de las Bardenas Reales tiene que contarte.
El viaje comienza ahora
El Castillo de Eguarás Bardenas Reales es solo una de las muchas historias que este desierto tiene para contarte. En NATAVEN, creemos que la mejor forma de comprender la magnitud de este paisaje no es a través de una pantalla. Es sintiendo el viento en la cara y el silencio que solo un oasis puede ofrecer.
¿Estás listo para dejar tu propia huella en la arena? Te invitamos a explorar nuestras rutas en segway por las zonas más emblemáticas de la Blanca. A sumergirte con nosotros en una travesía senderista hacia el corazón del Vedado.
No dejes que te lo cuenten: ven a vivir la naturaleza de una forma diferente.










